Yo quería, de todas las formas habídas y por haber, esconder mi corazón de él. El único depredador de mi alma, el único que podía corromper y socavar toda mi fuerza de voluntad hasta dejarme desprotegida. Y yo, lo sabía. Sabía la forma en la que iba a actuar, sabía de sus manejos, de su táctica, de su encanto, pero estaba segura de no haber conocido a alguien tan letal. Era imposible huir de él.
- Eres un hueso difícil de roer - me dijo con expresión sorprendida.
Yo no entendía nada, había caído en sus fauces. Pero parecía haber algo que lo había dejado atónito y yo estaba ahí, parada, con el ceño fruncido, mirándolo y preguntándome si tenía algo coherente que responderle.
Entonces volvió a hablar, esta vez su cara se suavizó y sentí como su voz, como una melodía dulce en mis oídos.
- Creo que... me he enamorado de tí.
Eran ésas las palabras que estaba buscando en mí interior y parecían estancadas en mi garganta. Golpeaban fuerte y me daban escozor. Apenas pude articular una mueca y sin saberlo me lanzé hacia él, por primera vez yo era el depredador y él mi presa. En un momento, creí haberlo ahogado con mis besos.
Querido Amor:
¿Podrás algún día dejar de complicar mi existencia? Parece imposible. Entonces, creo que deberías saltar por la ventana, y si en el intento no mueres; Bueno, abre tus alas y rajate para otro lado. Ah, y no vuelvas.





No hay comentarios.:
Publicar un comentario