
Ya siento tu aliento en mi cara, tu suave y pausado respirar, ahora acaricias mi garganta, mi placer y mi pasión se encienden cada vez más.
De pronto clavas tus dientes en mi virginal cuello; gimiendo de gozo, mis sentidos comienzan a vagar, a diluirse, las tinieblas invaden mi ser.
Tu abrazo es cada vez más fuerte, la sangre borbotea, mi blanco cuello se tiñe de rojo, que tú con enorme satisfacción bebes; un movimiento más, una mordida más, mi cuello se quiebra, mis ojos se opacan, hay oscuridad alrededor, y yo entrego mi vida, satisfecha de haber sido poseída por ti...
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